martes, 15 de febrero de 2011

La bahía de los meteoritos

18-Agosto-2011
Por la costa Norte de la bahía de Melville, entre Kap Melville y la montaña Ironstone, se encuentra la bahía de Meteorburg. Hace unos 2000 años cayó un meteorito por esta zona, y se convirtió en la principal fuente de hierro para muchas generaciones del pueblo de Thule. El explorador polar Robert Peary encontró numerosos meteoritos en Meteorite Island, que llevó en su barco Kite a EEUU en 1894.
Precisamente por esta bahía es por donde hemos realizado un pequeño crucero en zodiacs entre bellos icebergs.

Aunque no hemos tenido mucha suerte con el tiempo (ha estado lloviendo toda la mañana) la luz suave y la fina lluvia nos ha permitido obtener imágenes muy interesantes de las formas imposibles de esos enormes pedazos de hielo.




Pero no ha sido fácil hacer fotografías en esas condiciones: hacía viento, por lo que la lluvia ensuciaba las lentes, y las barcas se movían continuamente. Además, con esta luz era muy difícil conseguir un balance de blancos adecuado. Menos mal que, al menos, nuestras cámaras están preparadas para resistir la lluvia sin problemas.

Por la tarde hemos desembarcado en Kap York, donde el explorador Knud Rasmussen vivió durante un año con Inuitas en 1903.
El desembarco lo realizamos muy cerca de un glaciar, con un tiempo excelente:

Tuvimos que subir por la empinada cuesta de la morrena, con mucho cuidado por las piedras sueltas, típicas de una morrena glaciar, pero mereció la pena.

Todo el terreno estaba lleno de diferentes clases de musgos, líquenes, plantas y flores, así que nos dedicamos a la fotografía macro, pues teníamos que presentar alguna foto al concurso (Quark suele organizar un concurso de fotografía durante los viajes para animarnos a aprender y hacer mejores fotografías).






Cuando me encuentro en un lugar remoto y poco accedido, como este, siempre voy andando con mucho cuidado, porque me da mucha pena pisar estas plantas, que tan difícilmente crecen en estos parajes tan agrestes y de clima tan extremo.
Pasamos la tarde disfrutando de la soledad del lugar y de la belleza de la vegetación. Realmente se me hace muy difícil pensar que nadie pueda sobrevivir aquí un año entero; seguramente ninguno de nosotros podría sobrevivir mucho tiempo en estas condiciones. Dependemos tanto de la cadena de servicios que hemos construido en nuestro mundo moderno que ya no somos capaces de valernos por nosotros mismos. Somos dependientes de nuestra civilización. En cierto modo me recuerda a las hormigas, donde todas contribuyen para el bien del hormiguero, pero ninguna puede vivir sin ayuda de las demás.